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Ediciones Universidad De Talca

A Todo Arte

$38.000
9789563290745
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“El gran arte no es neutro. Se relaciona con las grandes decisiones y anhelos del hombre. Y el arte vuela alto”, dice Waldemar Sommer (1932), con certeza. Esa que caracteriza su mirada y actuar durante más de 40 años de crítica y lo convierte en un observador privilegiado de los artistas, tendencias y cambios, desde los años 60 hasta hoy. Protagonista de una reveladora historia de procesos y creaciones, Waldemar es, además, un descubridor de talentos. Una de las facetas que más le seduce, aunque no sea del todo comprendido; para algunos, por aclamar obras demasiado contemporáneas o crípticas, y para otros tal vez porque no perciben más allá de la utilidad del arte. Pero el hecho es que, como escribiera Ionesco, “quien no comprende la utilidad de lo inútil y la inutilidad de lo útil no puede comprender el arte”. Sommer lee propuestas en clave contemporánea y las traduce a un lenguaje más visceral, respaldado por un sólido conocimiento. Rescata también a artistas sumidos en la indiferencia o el olvido. Partidarios y detractores (que los hay) reconocen su aporte, su liderazgo en la crítica de arte en nuestra historia reciente. Era, entonces, una tarea pendiente y urgente reunir en un libro sus críticas más significativas. Y una serie de reveladoras conversaciones que sostuvimos con él, para este fin. Waldemar nos recibió los días sábado, durante varios meses, en su departamento ubicado en un piso 20, el último de un edificio en Providencia, donde nos esperaba con un gran jugo o bebida. En ese luminoso espacio con vistas a la ciudad y a la cordillera –puesto con austeridad aunque con una cuidada estética y algunas pinturas de la historia reciente de Chile y otras contemporáneas–, una Virgen de alabastro del siglo xix siempre con flores en su terraza, fue casi el único testimonio externo de católico practicante. Durante los encuentros, nos confesaría otra de sus pasiones: el box. Reconoce que no lo ha limitado en nada su creencia religiosa: “Al contrario, he aprendido a apreciar el trabajo bien hecho, venga de donde venga”. Su trayectoria demuestra que no se amilana ante las más perturbadoras e hilarantes propuestas. Ha sido uno de los contados críticos nacionales en valorar creaciones que subvierten lo aceptado, como fue el caso de un Juan Domingo Dávila, entre muchos más. El carácter entusiasta y libre de Sommer, con ese sutil y sorprendente humor, hablan de su apertura. Y de su tesón: hasta hace poco salía a trotar de buzo al atardecer, a sus 80 años y con algunos by pass en el cuerpo. “A todo arte” –que publica el sello editorial de la Universidad de Talca– se inicia con los primeros pasos de este hijo único que nació en el norte de Chile. Se formaría después en la vanguardista Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, en los efervescentes años 60. La conversación se pasea por sus insospechadas miradas a obras claves de los grandes maestros de la historia como Leonardo, Rembrandt, Bernini, Velázquez, Miguel Ángel, que sientan las bases del arte contemporáneo. Pero no se engañe el lector: Sommer juzga a algunos y critica obras que parecerían intocables. Toma vigencia aquí la letra del tema “La sonrisa de la Mona Lisa”, del Premio Nobel de Literatura 2016, Bob Dylan, al decir “en los museos, lo infinito se somete a juicio”. En este libro, el crítico se define frente a manifestaciones del arte y a sus principales cultores. Habla de descubrimientos y sobre quiénes más aportan en la historia y en la actualidad. Revela secretos de su oficio y de su mirada. Se sumerge en la experiencia estética. En la última parte de la entrevista responde acerca de la necesidad urgente de que surja una nueva vanguardia. Se abordan las últimas tendencias internacionales, lo que está pasando en la Documenta de Kassel y en la Bienal de Arte de Venecia. Algunas vertientes del conceptualismo indicarían tal vez un camino. El segundo capítulo del libro reúne muchas de las críticas más significativas de Sommer, desde los años 70 hasta la actualidad, publicadas en la revista Qué Pasa y en el diario El Mercurio. Se incluyen escritos sobre maestros, artistas consagrados y valores emergentes. Todo ello va dando cuenta, a su vez, del gran nivel del arte nacional, “que siempre me entusiasma y nunca me defrauda”, resalta el crítico. La investigación de sus escritos se inició en la Biblioteca Nacional y siguió en el Centro de Documentación de El Mercurio. La selección de las columnas responde a los autores y a las exposiciones que más subraya el crítico, otras complementan y enriquecen el diálogo. No están, por cierto, todas ni todos los artistas de la escena nacional. Las críticas –desplegadas en forma cronológica– fueron objeto de una mínima edición y síntesis, respetando el característico estilo de su autor. Se incluye, además, una entrevista que él le hizo al influyente artista estadounidense Robert Rauschenberg, durante la exposición que llegó al Museo Nacional de Bellas Artes, en 1985. Más de 100 imágenes, especialmente buscadas, complementan los textos. Varias obtenidas y sacadas en Chile, y en el exterior, como es el caso de las correspondientes a la Documenta de Kassel y a la Bienal de Arte de Venecia, hasta donde fuimos. “A todo arte” da cuenta así de una parte esencial de nuestra memoria visual reciente. Traza pasajes de 50 años claves de nuestra historia, y de una parte de la escena internacional. El libro busca llegar a investigadores y expertos, a estudiantes y jóvenes, y a todos aquellos que vibren con este mundo de creatividad y conceptos, de sensaciones y sentimientos, de tensiones y espiritualidades, que muestra y anticipa procesos y necesidades de la sociedad. Un aspecto esencial para la realización de este proyecto fue la libertad y la confianza total dada por Waldemar Sommer, y el profesionalismo y entusiasmo del sello editorial de la Universidad de Talca, dirigido por Marcela Albornoz. Un sello de una universidad estatal y regional de excelencia, liderada por el rector Álvaro Rojas Marín, muy ligada a las artes. Dos notables ejemplos: poseen el Parque de esculturas más significativo del país y el único museo con el legado de la Premio Nacional de Arte 1995, la gran escultora y maestra Lily Garafulic. La misma que transmitía a sus alumnos, con esos ojos celestes transparentes, el énfasis en la disciplina y en la claridad mental, e insistía en “respetar la libertad creativa de cada uno”.

Cecilia Valdes Urrutia

Ediciones Universidad De Talca

220 Paginas

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