Las flores del jacarandá nacen un día cualquiera, brotan en su color lila inigualable, bello como ningún otro.
Cuando las contemplo, siento una especie de ardor al fondo de la garganta, un ardor azulado como las coronitas de mis nietas cuando jugaban en la plaza.
Lila como el collar que hice de sus pétalos y puse sobre mi tocado de novia el día que caminé hacia el amor.
Azuladas, como las que un día cayeron de sus ramas y que yo vertí sobre su lecho para verlo sonreír.
Cuando florecen, sé que se acerca el tiempo de recordar que, en días como estos, sus árboles flanquearon el camino a la tierra del amor de mi vida. Fragmento del cuento «Las flores del jacarandá».